Santa Juana de Arco, 30 de mayo

Esta jovencita horriblemente martirizada por ser fiel obediente a Dios. Como ella afirmará: “Yo no he hecho nada que no me haya sido ordenado por Dios o por sus ángeles”. Contra quien, como al Señor Jesucristo, se aliaron en intrigas los intereses mundanos, políticos, religiosos, etc. para condenarla a muerte. Es un testimonio de fidelidad a Dios, que se dio en 1431, pero que se ha repetido y se repetirá a lo largo de la historia del cristianismo. Un ejemplo más, que nos ha de servir también para hoy a nosotros, donde no solo en la Francia laicista de la que ella -paradójicamente- es Patrona, sino en el mundo entero se persigue a la fe cristiana.

Oración a santa Juana de Arco

Ante tus enemigos, ante el hostigamiento,
el ridículo y la duda, te mantuviste firme en la fe.
Incluso abandonada, sola y sin amigos,
te mantuviste firme en la fe.
Incluso cuando encaraste la muerte,
te mantuviste firme en la fe.
Te ruego que yo sea tan inconmovible
en la fe como tú, Santa Juana.
Te ruego que me acompañes en mis propias batallas.
Ayúdame a perseverar y a mantenerme firme en la fe.
Amén.

 

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En el cadalso, donde acabó su vida Juana de Arco devorada por el fuego, el día 31 de mayo de 1431, se puso un cartel con la relación de los crímenes que le imputaban, y decía así:

«Juana, que se hace llamar `la doncella´, ha sido condenada por embustera, perniciosa, embaucadora del pueblo, agorera, adivina, supersticiosa, mal creyente de la fe de Jesucristo, blasfema, jactanciosa, idólatra, cruel, disoluta, invocada del demonio, cismática y hereje.»

Por si todo esto fuese poco, en la mitra que como corona pusieron en su cabeza escribieron estas palabras: «Hereje, apóstata, idólatra.»

 El 18 de abril de 1909, el papa Pío X, ante cincuenta mil peregrinos franceses, promulgaba el decreto de beatificación de Juana de Arco.

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Eso no viene de demostrar otra cosa que, «las fuerzas demoledoras», impiden el avance de la verdadera justicia, de la lógica de la acción. Es el tiempo, la historia, quien se encarga de dar el exacto sentido a las acciones de los hombres. [1]    

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«Los santos son un signo de contradicción que revela el secreto de los corazones. El pueblo que aclamaba a Juana de Arco no practicaba sus virtudes, pero se alegraba de ellas. Era la mitad del camino.

«En cambio, a lo largo de su proceso, el filme de Dreyer nos la muestra en el centro del tribunal, y se tiene la impresión de que es ella quien juzga a su jueces, según el modo como que la escuchan y la interrogan. Se nota en sus rostros; un pequeño número se deja tocar por la luz de que ella es portadora; la mayoría se endurecen, se siente acosados, se arrojan ellos mismos en las tinieblas…»[2]

 

 

Biografía

    

Santa Juana de Arco nació en 1412 en Domrémy (actual Francia). Nunca aprendió a leer y escribir, pero recibía con frecuencia los sacramentos, atendía a los enfermos y era bondadosa con los peregrinos. En el pueblo todos la querían.

Cuando tenía 13 años, mientras rezaba en la iglesia de su pueblo, oyó voces misteriosas, se le aparecen San Miguel Arcángel, Santa Catalina y Santa Margarita, que la invitaban a liberar a Francia que estaba dominada en gran parte por la invasión inglesa.

Cuatro años después el gobernador de la provincia, a quien Juana de Arco le había contado lo que le había sucedido, la llevó a hablar con el futuro rey Carlos VII, ella demostró que conocía cosas secretísimas que solamente el cielo había podido revelarle. El Delfín, al principio, desconfió pero después se convenció de que la joven era enviada de Dios. Y le confió el mando de las tropas que sitiaban a Orleáns, portando un estandarte con los nombres de Jesús y de María y una imagen del Padre Eterno, en poco tiempo reconquistaron casi todo el territorio francés.

El Delfín fue coronado rey de Francia en Reims, pero, celoso de la popularidad de Juana, pactó una tregua con los ingleses. Juana, convencida de que esta tregua anulaba los esfuerzos y las victorias de su ejército, indignada, recomenzó la lucha con los pocos soldados que estaban de su parte.

En una embocada la apresaron los borgoñones, quienes la vendieron a los ingleses.Para acabar con ella, es acusada de hechicería y herejía; después de un juicio donde no tuvo defensa, fue condenada como hereje renegada y sus revelaciones de diabólicas.

La ilegalidad del proceso era tal que Juana de Arco rechazó la legitimidad y apeló al Papa. Pero no pudo hacer llegar su voz a Roma y sus enemigos triunfaron y la condenaron a la hoguera.

Sus restos lanzados al río Sena por sus enemigos (los ingleses y sus colaboradores) precisamente para evitar «que se volvieran reliquias o fuesen utilizados para brujería».

Llevada a la plaza del mercado de Rouen, donde fue quemada viva, mientras gritaba el nombre de Jesús y miraba a una cruz. Era el 30 de mayo de 1431. Tenía 19 años.

Los actos del proceso fueron sometidos a revisión entre el 1450 y el 1456, y con la absolución de la imputada comenzó un irresistible desarrollo de veneración de la valiente Juana de Arco, por su fe pura y su genuino amor por la justicia y la verdad, llevados hasta el extremo sacrificio.  El Papa Calixto III (1455 a 1458) rehabilitó plenamente a Juana de Arco.

De todas las histories de los santos, la de Santa Juana de Arco es sin duda la más extraordinaria e increíble: una joven, campesina y sin estudios, a la cabeza de un ejército derrota a un aguerrido ejército, derriba fortalezas, corona a un rey y termina en la hoguera. Y todo en cuestión de dos años.

En 1920 fue canonizada por Benedicto XV.

Santa Juana fue una figura extraordinaria, su espada jamás se tiñó de sangre, nunca mató a nadie y durante las batallas se mantuvo orando sostenida de su estandarte. Siempre se sintió orgullosa de su virginidad.

La separación de los reinos de Francia e Inglaterra preservó a Francia del cisma de Enrique VIII, junto con su iglesia anglicana, que se produjo tiempo después.

 

 

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[1] CÁNOVAS, L., Las 1000 mejores anécdotas humorísticas, De Vecchi, Barcelona, 1972, p.105.

[2] MOLINIE, M.-D., El coraje de tener miedo, Ed. Paulinas, Madrid, 1979,p. 170.

 

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